De Megaupload, la industria y la cultura que nos queda

por Fernando Domínguez y Javier Campelo

Parece que lo que se venía anunciando finalmente se ha concretado y Megaupload y otras páginas de descargas de películas y series y visualización on-line han sido cerradas por el FBI a instancias del Departamento de Justicia de los EEUU. Se trata por lo tanto de un mandato directo del poder ejecutivo y no de una decisión judicial. No es la primera vez que los gobiernos se tiran a la yugular de este tipo de portales de descarga, cuyos dueños son ensalzados como héroes por amplios sectores y envilecidos como piratas por otros. Resulta además paradójico conocer ahora a través de una foto policial a los propietarios de una página con un éxito tan apabullante como Megaupload, con 50 millones de visitas diarias. Una estrategia de imagen que busca el anonimato deliberadamente y que contrasta con el carácter mesiánico de otros líderes del sector.

Pero entonces preguntémonos: ¿en qué lugar se acomoda hoy en día el público, dónde nos deja estos cierres? ¿Estos señores que difunden obras que no son suyas entre las masas son gurús o villanos? ¿Se resiente la cultura o nada de esto tiene que ver con la cultura? ¿Hay intereses ocultos, más allá del cine gratis, que pretenden coartar la libertad del ciudadano?

Es ciertamente curioso leer las opiniones enfrentadas de los que defienden la difusión de la cultura, el entretenimiento, la información libre… en la red, de manera digital, y los creadores que se apoyan en sus ancestrales derechos de creación y explotación comercial para generar los ingresos que antaño se generaban. Así, unos se manifiestan contra el poder y las leyes, que ponen barreras al intercambio de información particular (por ejemplo, la primera temporada de The Wire, que la tengo yo y yo te la presto) y otros calculan las pérdidas que han sufrido sus Ediciones Especiales/TIMO de la serie o película de turno. Eso en el medio fílmico, pero la sangría se hace flagrante en el acústico, en lo que a música se refiere. Con esos precios colosales los artistas (mentira, sus discográficas, editoras y distribuidoras normalmente) vienen a reírse de fans y usuarios, lo que provoca que uno piense que la culpa de todo esto la tienen los que en un principio estrujaron la gallina de los huevos de oro (¿Cómo un disco de Bebe puede valer 18 euros, estamos locos o qué?). Unos precios que no son consecuencia ni a beneficio del autor, y gracias a los cuales los intermediarios entre éste y el público se han estado llevando durante décadas  unos márgenes de ganancias tan bestiales que el término “piratería” queda corto.

Uno de los principales problemas de todo esto, el que lo lía todo, es el embrollo que provoca. Tenemos tendencia a confundir las cosas, a dividir en dos y peinar la realidad alistando diferentes realidades en el bando nacional o en el rojo, a menudo sin motivo. Por ejemplo, Anonymous, en su loable lucha por rascar la realidad para ver a través de su mugre, también se implica. ¿Tiene algo que ver el cierre de estas megawebs con la justicia social? Lo único que tiene que ver con justicia social es la riqueza que sus propietarios han ido acumulando estos años

Otro importante problema es la confusión de términos derivada de todo esto. Hay tendencias que opinan que la cultura se ve resentida, que la escasa capacidad económica actual provoca que las “mentes pensantes” de hoy (parados y mileuristas) se vean abocadas a una inanición cultural a la que ya estaban acostumbradas. Lo primero es que habría que poner en tela de juicio lo que es la “cultura”. Cinco gafapastas indignados no es cultura, como tampoco lo es las series de la HBO (por muy buenas que sean, que lo son). O, por lo menos, no son la única fuente cultural. Lo de las series de HBO es un decir, puesto que la película más descargada del año pasado fue Transformers 3 (que no es de Bergman, precisamente). Y a esto hay quien lo llama “atentado contra la cultura”…

Lo segundo es lo repugnante de todo este comportamiento hipócrita: Si tan importante es la cultura págala. Nos resulta feo, vil y sucio aprovecharse de un sistema que trata tan mal a la cultura que tanto dicen defender (“Yo soy fan de The Walking Dead, ya me he descargado los dos temporadas”). No olvidemos que los creadores y artistas también tienen que hacerse ricos, o sobrevivir… no sólo han de lucrarse los creadores de Megaupload o Seriesyonkis. Y nada tiene que ver esta postura, que pretende ser coherente, con lo que dice gente como Ramoncín o Alejandro Sanz desde la playa; o con el pago de un canon por un disco virgen, que es de vergüenza. No tiene NADA que ver. De hecho, muchos músicos están a favor de este tipo de plataformas. Parece claro, por lo tanto, que en esta guerra entre la industria y los consumidores, el que sale perdiendo paradójicamente es el autor. Unos autores a los que roban desde ambos bandos, que en su gran mayoría no consiguen vivir de su obra, pese a que ésta tenga una difusión considerable, y a los que se señala y desprecia cuando se tienen que buscar la vida a base de subvenciones. Quizás, por lo tanto, haya que plantearse un diferente modelo fuera de las discográficas, ahora que se puede gracias a internet. Los iTunes y sus descargas de pago han abierto una brecha, así como músicos como Radiohead, que permitieron la descarga de sus nuevos discos desde su página web, o los Arctic Monkeys, que explotaron en su página de MySpace (aunque luego ficharan por una multinacional, nos valen como ejemplo de “llegar al público sin intermediarios”).

Lo tercero, quizás con un punto demagógico pero que no le resta ni un ápice de verdad, es el momento de crisis total en el que sucede esto. No es bonito escuchar berrinches y tirones de pelos de quien se ha quedado a medias de ver True Blood, con la que está cayendo alrededor: los cinco millones de parados, la precariedad social en la que estamos metidos y los pocos, ningunos, visos de mejora que hay. Por lo menos es como para hacérnoslo mirar. Resulta desalentador observar cómo cualquier movimiento por parte del Sistema para tratar de imponer puertas al campo de Internet (Ley Sinde, SOPA, etc.) recibe de inmediato una respuesta frontal coordinada y multitudinaria por parte de los usuarios de a pie, de forma que incluso páginas tan supuestamente intocables como la del FBI se caen sin remedio. Hay que preguntarse qué sería capaz de hacer toda esta sociedad civil en red si la contundencia y la unanimidad en la protesta fuera la misma. Quizá haya que tomar como positivo que haya por lo menos algo que sea capaz de unirnos a todos en la protesta, aunque sea para poder seguir viendo series sin pagar.

En definitiva, en la sociedad en la que vivimos el paradigma tecnológico cambia a tal velocidad que desde hace años la industria va a contrapié. La generación que hoy cumple la mayoría de edad lleva desde los 8 años descargándose música y viendo series o películas on-line. Ellos no tuvieron que tirar a la basura decenas de cintas VHS ni tendrán que tirar cientos de DVD´S. No se han gastado 20 euros en un disco más que dos o tres veces en su vida, y van al cine en contadas ocasiones. La futura masa de consumidores no ha interiorizado pagar un precio injusto por los productos culturales, apenas ha interiorizado pagar por ellos en absoluto. Es a esa nueva masa de consumidores a quien la industria tiene que seducir y es imposible que sea volviendo a la situación de 1995.  Internet no se puede “desinventar”, y lo más maravilloso de la creatividad de Kim Schmitz y de tantos como él, es que mañana tendremos el nuevo Megaupload funcionando y con mayores prestaciones, ¿o se salvó la industria discográfica  con el fin de Napster?

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Un Comentario en “De Megaupload, la industria y la cultura que nos queda”

  1. Pablo Pelanas el peladilla Dijo:

    excelente artículo que suscribo completamente en especial el último párrafo, al que añado que la industria cultural es la responsable de no haberse adaptado al fenómeno de internet con rapidez y la gente se ha acostumbrado a no pagar ni un duro. Suelo descargar bastante pero si algo me convence y esta bien de precio lo compro porque me gusta el formato físico, ya sabéis, tocar con las manos…

    Responder

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